
Uno de los temas recurrentes en los talleres literarios es escribir claro y sencillo, sin hacerse el Cervantes. Un desborde de vocabulario no es para cualquiera, y puede terminar en una maraña barroca imposible de leer. Otro vicio con el que te machacan para que evites es el de los lugares comunes, como "las làgrimas que rodaban como perlas por sus mejillas" (¡puaj!).
Esta semana se me fue la mano: de tanto hacer los deberes, y por no caer en lugares comunes, me olvidè de mencionar lo ineludible: el dìa del padre, y la muerte de Fernando Peña, que me encantaba. Así fue que no escribì nada sobre ellos, pero va aquì mi recuerdo, a cada cual en su categorìa y en la magnitud que ellos saben.
A otra cosa. Uno de los lugares comunes que más me fastidian es el de esos viajeros que cuentan: "hicimos Florencia, Venecia y Siena, y despuès hicimos Atenas y Estambul". ¿Què te pasa, Clarín? Uno no hace Siena como si se tratara de una torta, ¡ya està hecha y desde hace varios años!
No termino de entender què ciudades califican para ser hechas. Por ejemplo, nunca escuchè que alguien dijera "hice Mar del Plata, Miramar y Sierra de los Padres". ¿Será que el itinerario tiene que empezar en Ezeiza? Es un misterio.
Ahora las dejo, chicas, me voy a hacer una torre, pero no de Pisa sino de panqueques. ¡Buenas noches!


